31 mar 2007

On line



Desde la biblioteca, me llama un libro. Voy. Me paro enfrente del mueble de madera barata, pero teñida con "no soy vieja pero que bien lo disimulo¨. Me llama. Lo escucho y no le entiendo.
"Los hermanos Karamazov, de Dostoievski".
No. Más moderno.
"Experiencia, Martin Amis".
No tanto.
"No habrá más penas ni olvido, Osvaldo Soriano".
No, ¿qué querés? ¿ agregar más leña al fuego de la interna?. Y además, otra vez no ordenaste la biblioteca.
Bueno.
Ya sé:
"El fantasma del sida, Néstor Perlongher".
No. Al lado.
"Alambres, Néstor Perlongher".
Esooo!

Había sido editado antes de que yo pudiera contemplar a su autor, intrigada, desde mi escritorio de la Editorial Puntosur. Sí, ya sé. Era rara, la editorial (yo sólo era una post-adolescente). Algunos decían que en ese lugar se lavaba dinero (porque había ídem). Que sé yo. Los títulos estaban buenos. Los autores eran pesos pesados que algunas veces no les gustaban ver que al peso pesado de la vereda de enfrente también lo editaban ahí. Pero así era. A Perlongher no creo que le importara. Pero él estaba en Brasil. Algunas veces lo veía sentado en una mesita que hacía esquina en la esquina de Santa Fe y Laprida. Creo que el bar tampoco está más.

La mejor manera para elegir un poema es: pasar las hojas como si uno estuviera oreándolas, como se pasan los libritos ésos que forman una peli (no me acuerdo cómo se llaman).
Bueno, después se cierra el libro y luego hay que abrirlo donde les parezca. Sin mirar, obvio.
No se preocupen, les aviso que (al poema) lo están eligiendo igual.
¿No les gusta? Y bueno, muchas cosas no gustan. A bancarse. Pero éste es lindo.
Postearé solo el final. Lo anterior, acá.
Porque el libro no se los presto.

Saliste Sola
Con el Fresquito de la Noche
Cuando te Sorprendieron los Relámpagos
No Llevaste un Saquito
Y
Hay Cadáveres

Se entiende?
Estaba claro?
No era un poco demás para la época?
Las uñas azuladas?
Hay Cadáveres

Yo soy aquél que ayer nomás...
Ella es la que…
Veíase el arpa...
En alfombrada sala...
Villegas o
Hay Cadáveres

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No hay nadie?, pregunta la mujer del Paraguay.
Respuesta: No hay cadáveres.


Cadáveres, Alambres. Néstor Perlongher. Editorial Ultimo Reino, 1987.